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Aprovechando que mi mejor amigo estaba próximo a venir a Lima procedente de España, me puse a buscar chicas en Surco para que se encarguen de la limpieza de su departamento que se encontraba totalmente abandonado desde la última visita que nos hizo hace un año más o menos. Revise los currículos que me llegaban no solo a mi oficina sino también a mi correo electrónico y tuve que elegir entre varias de ellas.

Dentro de las cientos de chicas en Surco que presentaron su ficha, llamó mi atención una morocha quien indicaba ser de nacionalidad cubana y que además adjuntaba varias fotografías de cuerpo entero que era una delicia para la vista. Esta chica caribeña no era la mejor de todas las postulantes pero su hermoso cuerpo me convenció en elegirla.

La llame por teléfono para  comunicarle mi decisión y citarla en el departamento con el fin de que inicie la limpieza. Ella era muy conversadora y me comentaba sus experiencias en trabajos similares. Cuando escuche su voz melodiosa y con ese dejo centro americano propio de los cubanos termine de ponerme caliente con esta muchacha quien se impuso entre todas las chicas en Surco.

Ese día llegue temprano al departamento de mi amigo y lo encontré ordenado pero lleno de polvo, sobre todo en los exteriores. De pronto suena el intercomunicador y al contestar me respondió ella con su armoniosa voz. Cuando le abrí la puerta del departamento me di cuenta por que la había elegido a ella entre tantas chicas en Surco: era morocha de rostro bonito, de pechos redondos y duros, de caderas anchas y un culo que con solo decirles que no podía quitarle los ojos de encima es suficiente.

chicas en Surco

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Le explique algo nervioso lo que tenía que hacer y ella me escuchaba atenta. Me parece que se dio cuenta de mi nerviosismo porque sonreía coquetamente, además cuando empezó con la limpieza me dijo “permiso me voy a poner algo más cómodo para limpiar”. Cuando salió del baño casi me da un infarto: se puso un top y un short que no dejaban dudas ella era la más hermosa y excitante de las chicas en Surco.

Mientras limpiaba se contorneaba de tal forma que me volvía loco. Movía sus caderas, se agachaba sin doblar las rodillas mostrándome su señor culo en toda su extensión. Para llegar a las parte altas de los muebles daba pequeños saltos y sus pechos rebotaban de una manera deliciosa que me dio a entender que no se había puesto brasier. Entonces me entro la duda: “será que esta hermosa exponente de las chicas en Surco tampoco se ha puesto calzón? Sera por comodidad o algo quiere?”

Me metí al cuarto de mi amigo que la chica ya había limpiado y me tire en la cama con la puerta entre abierta para seguir observando sus movimientos cada vez más provocadores. No me aguante y comencé a masturbarme. De pronto mientras alucinaba que la estaba haciendo mía la cubana entro a la habitación para pedirme unos accesorios y se ganó con la bochornosa situación. “Disculpe señor no quise interrumpir”. Totalmente avergonzado le dije “Discúlpame tu, es que no me pude aguantar, eres tan excitante”. Ella me sonrió y me dijo “Hay algo en lo que te pueda ayudar?”, entonces se acercó y me cogió al muchachón que estaba fierro y comenzó a darme una mamada que solo lo hacen las chicas en Surco.

Se quitó el top y me dejo ver sus hermosos pechos, se bajó el short y efectivamente no tenía calzón, su conchita estaba hinchadita y peladita. No me quede y también me quite la ropa. Con semejante monumento no sabía por dónde empezar: le bese todo el cuerpo, sus tetas, sus pezones, sus caderas gorditas, su tremendo trasero (a este además de besarlo lo mordí y le di sus buenas palmadas). Cuando ya no podía más entonces la abrí de piernas y le enterré todo el muchacho. “Ay papi, sí que la tienes grande” me dijo mientras gemía y se quejaba cada vez que empujaba con fuerza. Esos alaridos propios de las chicas en Surco que ella daba me ponían cada vez más arrecho.

Esa tarde no limpio más, el cuarto que había dejado impecable, en unas horas lo dejamos oliendo a pura pasión. La cubana era insaciable, esa tarde lo hicimos tres veces y si no fuera porque tenía que regresar a su casa donde su esposo y sus hijos hubiésemos seguido toda la noche. Desde entonces cada vez que necesito limpieza en mi departamento le doy una llamadita y ella sin pensarlo viene dispuesta a cumplir con su trabajo.

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