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Por motivos del trabajo de mi padre nos mudamos hace unos meses a la ciudad de Huánuco. Una mañana que salía raudo para la universidad me cruce en el ascensor del edificio con una señora que venía acompañada de sus dos hijos, un niño de unos 8 años que jugaba con una consola y una chica muy simpática de unos 16 años que me hizo alucinar a las peruanas cachando de este lugar de la sierra peruana.

A pesar de que era poco el tiempo que tenía en esa nueva ciudad pude notar marcadas diferencias de la convivencia con los huanuqueños. Es una ciudad muy tranquila, de noches muy solitarias y demasiado respeto por lo que viene de afuera. Las pocas veces que tuve tiempo de ir a un centro comercial o también en la universidad siempre me preguntaban de arranque “tú no eres de acá no?” Lo que a veces me incomodaba y otras tantas me hacía suponer que podía sacar provecho de ello si quería conocer a las peruanas cachando de esta ciudad.

Pero continuando con la anécdota del ascensor, la chica de la que hable se me quedo mirando todo el trayecto hasta que baje. Esto no tendría mayor importancia si no fuera porque además de simpática esta chibola estaba muy rica y esa cara que me puso me dejó pensando. Era una mirada de admiración, de querer conocerte, como las que ponen las peruanas cachando cuando quieren atrapar a sus víctimas.

Unos días después me cruce esta vez solo con la chica en el ascensor. Tenía una falda larga por las rodillas y una blusa bastante anticuada. “Hola como estas, yo vivo en el tercer piso. Tu eres nuevo no?” me dijo ni bien entro en el ascensor, “Hola, si soy de Lima tengo pocos meses en esta ciudad. El otro día te vi con tu madre y tu hermano verdad?” le respondí. “Si, es que mi madre siempre gusta de salir en familia, como está metida en la religión nos lleva a las reuniones de su iglesia, pero a mí no me gusta. Ese día te quise hablar pero ella no me deja ser”. Me pareció entonces que estaba con una de las peruanas cachando de Huánuco y le pregunte “¿a qué te refieres?” “es que me trata como una niña y yo ya soy toda una mujer”.

Y entonces decidí dejar de lado mis clases en la universidad y tentar aprovechar el día con mi vecina. “Para dónde vas?” ”a clases de matemáticas que llevo por las tardes”. “Que aburrido, no quieres faltar y me llevas a conocer la ciudad?” Era un poco arriesgado, pero me pareció posible hacerle esa pregunta a una de las peruanas cachando. “De paso me cuentas sobre ti, a que te dedicas, me interesas”. Ella cambió su cara y puso una gran sonrisa “¿De verdad quieres pasar la tarde conmigo?” “Si, me pareces una chica muy linda e interesante”.

Entonces me confeso que no iba a sus clases en la tarde, que se iba de juerga con sus amigas a fiestas que se hacen en locales caletas por el centro de la ciudad y a donde iban todos los que se tiraban la pera de los institutos y universidades. Entonces me propuso ir para allá con sus amigas las peruanas cachando. Acepte acompañarla pero le dije que iria con el carro de mi viejo. Ella acepto gustosa, pero en el fondo mi intención era utilizar el auto como telo con ruedas.

Saque uno de los autos de papa y pase a recoger a mi vecina en un parque cercano al edificio. Se subió y me lanzo una mirada pervertida. “Cuentame sobre ti”, le dije. “Bueno tengo 17 años, estoy en quinto de secundaria aun, repeti un año. Vivo con mis padres. Mi papa siempre está de viaje y mi madre para en la iglesia.” Estaba con una chica que en verdad pedia a gritos un poco de amor. “¿A qué hora tienes que estar en casa?” le pregunte interesado. “Maximo hasta las 9” me dijo. Entonces teníamos cerca de 5 horas para pasarlo bien. Ella seguía contándome sobre su vida y yo me calentaba alucinándola como a las peruanas cachando: era una bella morena de mediana estatura, de ojos grandes, una boquita abultada con unos labios perfectos para besar y morder, de pechos pequeños, lindas piernas gordas y depiladas y un señor trasero que ya quería verlo desnudo.

Cuando llegamos al local donde se divierte con sus amigas estacioné el auto y pasé mi brazo por detrás de ella que seguía contándome sus penas. Entonces probé lanzarme diciéndole “me parece que no te entienden, pero aquí estoy yo, para lo que sea mi chiquita”. Ella dudo unos segundos y luego me abrazo. Aproveche el momento y entonces intente acercar mi cara a la suya y casi inmediatamente estábamos besándonos. Que rico besaba esa chibola, se notaba que tenía mucha experiencia con eso, como todas las peruanas cachando.

Me contó entonces que iba tres veces a la semana a sus clases de matemáticas y esos días podíamos vernos si lo deseaba. Y que los sábados su mama la deja salir con sus amigas al centro comercial, al cine o a donde sea pero siempre que ella supiera donde están. Luego de unos besos y algunas caricias dentro del auto me dijo que llamaría a sus amigas para encontrarnos dentro del local. Yo aproveche en guardar el auto en una cochera cercana y estaba deseoso de tener en mis brazos a una de las peruanas cachando.

Entramos al lugar en donde había muchos pulpines en plena diversión. Mi vecina ubico a sus amigas quienes me saludaron más que cariñosamente como si me conocieran de años. Luego de unos tragos y de entrar en calor entonces procedimos a bailar un poco. Como era el único hombre del grupo pues me tocó bailar con todas las amigas de mi vecina, incluso me sacaron a bailar en grupo en donde estas muchachas prácticamente se aprovecharon de mí: cada vez que ponían un perreo se sobaban y me cogían por todos lados, no era para menos ya que ellas eran peruanas cachando.

Calculando el tiempo que debía regresar mi vecina a su casa le hice unas señas como para ya irnos, entonces ella me dijo que vaya sacando el auto mientras ella se despedía de sus amigas. No estábamos mareados pero si algo picados y muy calentones, asi es que cuando ella subió al carro me la lleve a un parque solitario aprovechando la oscuridad de la noche para cumplir mi fantasía de hacerlo con una de las peruanas cachando en el auto.

Estacione el auto en la parte más oscura del parque, le dije que me besara y así lo hizo. Luego de unos minutos le dije que me gustaría besar sus labios. Ella entonces hizo un pico y me dijo son tuyos bésame. Yo me sonreí y le dije “quisiera besar tus labios…VAGINALES”. Definitivamente el trago me había puesto más atrevido. Me miro con esos ojos pervertidos que tanto me alocan y se comenzó a desnudar. “Qué esperas que no te quitas tu ropa?” Me dijo mordiéndose los labios como deseando lo mismo que yo. Sin perder tiempo me quite los pantalones y la camisa y espere ansioso poder hacerlo con una de las peruanas cachando.

Ni bien me quede desnudo se puso encima mío y me beso con desesperación, entonces tire el asiento para atrás y en esa misma posición busque encajar mi pene totalmente duro en su conchita que estaba rasurada y muy mojada. Ubique la entrada de su vagina y en un movimiento rápido se lo empuje haciendo que ella gritara de dolor y placer. “Hazlo despacio que me duele” me dijo. Cada embestida que le daba era una sensación única para mí, sentía que su vagina apretaba mi pinga como muy pocas veces lo había sentido y al ver su cara de gozo también pude notar que cada vez que se la metía de golpe le dolía demasiado. Pude entender que era estrecha y eso me calentó aún más. Esa noche en el auto tuvimos una faena maravillosa. Luego de varios minutos haciéndolo terminamos y nos vestimos para ir al edificio. Desde entonces todas las semanas tenemos nuestros encuentros cada vez que sale a sus clases de matemáticas y la pasamos tirando, total ella es una de las peruanas cachando.

La entrada EN HUANUCO ENCONTRE A LA MAS FOGOSA DE LAS PERUANAS CACHANDO aparece primero en Kinesiologas. – Articulo original de http://bit.ly/2cGkl8n

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