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Las historias de amor no siempre tienen un final feliz, aunque de alguna manera si dos almas se aman con pasión entonces buscaran la forma de juntarse. Esa situación es la que vivo con dorita orbegoso desnuda el amor de mi vida a quien conocí en el colegio y que fue mi novia hasta hace un par de años en que por presión de su familia decidió terminar con nuestra relación y comprometerse con un joven empresario quien si gozaba de la aceptación de sus padres.

Sufrí mucho con la separación pero gracias a Dios pude conversar poco tiempo después de la ruptura con dorita orbegoso desnuda, quien me explico sus motivos. A pesar de saber que no volvería con ella y que además ya estaban organizándole su casamiento con su nuevo galán, me quedo la satisfacción de saber que aún me amaba y que si se unía en matrimonio con otro hombre era únicamente por mantener la fiesta en paz dentro del seno familiar.

Con el pasar de los meses ya no podía verla, ella prefería no ir a visitarme a mi casa por temor a que alguien la vea por mi barrio y la acusen con su familia. A su vez yo no podía buscar a dorita orbegoso desnuda ya que era persona no grata entre sus seres más cercanos y obviamente para su futuro esposo. Cada día que pasaba me desesperaba por el solo hecho de no tenerla a mi lado, pero a la vez ya me estaba resignando a mi nueva situación de hombre libre, aunque en el fondo me proponía seguir luchando por ella.

Hasta que una mañana no aguante más. Estaba muy desesperado, angustiado por verla. Solo había tenido aquella sensación cuando la vi por primera vez en el colegio. Me puse muy caliente por dorita orbegoso desnuda, como un adolecente con ganas, con deseo contenido  y que consigue descubrir el placer por sus propios medios gracias a su gran imaginación y producto de la masturbación consiguiendo finalmente lanzar su primer fluido de líquido seminal.

No dejaba de pensarla ni un instante. Recordaba cada momento de lujuria al lado de dorita orbegoso desnuda, me imaginaba su par de tetas enormes e inmaculadas rebotando y golpeándose entre sí, soñaba con volver a besarlas, chuparlas y morderlas como solía hacerlo, acariciando con mi lengua sus pezones rosados que me miraban y me rogaban que continuara con mis caricias, con mis besos. Pensaba en sus caderas, en su espalda, en los momentos en que la tenía en mi cama, a mi lado boca abajo totalmente rendida. Yo la acariciaba con suavidad, dibujando su hermosa figura.

Pero sobre todo ansiaba verla a ella, contemplar su bello rostro, acariciar sus ensortijados cabellos que apenas le cubrían sus facciones suaves y sus ojos. Los ojos de dorita orbegoso desnuda que hermosos eran y todo lo que te decían con solo una mirada, cuando me transmitían sus obscenos sentimientos, a veces pidiendo ser sometida y otras veces advirtiéndome del deseo que también leía en su boca, en sus labios, cuando desviaba la mirada a mi entre pierna.

Tirado en mi cama, dando vueltas y pensando únicamente en dorita orbegoso desnuda, observaba el bulto de mi pene bajo mi trusa, que se veía enorme, gigantesco a pesar de aun no tener una erección al 100%. Me lo cogía y me frotaba pensando en ella. Me prometí entonces ir a buscarla para saciar mi arrechura y de una vez poner las cosas en claro con nosotros.

Al ver el semejante tamaño que había cogido mi pene aun en un 70% de erección, me puse a recordar a dorita orbegoso desnuda con ese brillo de deseo en sus ojos, como cuando desviaba su mirada hacia mi pene, que también leía en los gestos de su boca, cuando mordía inconscientemente, tal vez, su labio inferior, signo evidente de excitación y de advertencia certera de su pronto contacto conmigo. Sin pensarlo dos veces me vestí con un pantalón jean y un polo, tome las llaves del auto de mi viejito y salí de mi habitación rumbo a buscarla.

Cuando estuve cerca de su barrio tome una ruta alterna y me detuve en la esquina de su casa. Desde ahí llame a dorita orbegoso desnuda y al escuchar su voz me llene de alegría. Le pedí que saliera como estuviera, que inventara cualquier excusa, que la esperaba en el auto en la esquina de su casa. No paso mucho tiempo cuando pude ver su figura acercarse presurosa a donde estaba estacionado.

Ni bien ingreso al auto nos fundimos en un beso apasionado y largo que por poco me causa asfixia debido a la poca respiración que nos permitimos. Le agradecí que se diera el tiempo de venir, de poder coger nuevamente sus abultados senos, de recorrer con mis manos su espalda y su cintura fina, de sentir su pecho junto al mío. Una vez calmados le dije a dorita orbegoso desnuda que no soportaba un instante más, que mi pene estallaría de tanta emoción, que la necesitaba. Me quedo mirando fijo y entendí que comprendía lo que le decía, pues ella también lo sentía, me lo decían sus ojos, me lo decían sus gestos, me lo dijeron sus manos que sin hacerse esperar acariciaban mi miembro. Entonces me baje el pantalón y ella apresuradamente me quito la trusa, luego se agacho sin decirme más nada y se tragó por completo mi erecto pene, que estaba al borde mismo de la explosión de placer.

Totalmente emocionado mi pecho latía con fuerza. Entonces dorita orbegoso desnuda se apoyó sobre mi cuando vino el primer orgasmo de ambos y mi pene insaciable y extasiado comenzó a bombear semen en su boca quien deliciosamente lo saboreaba. Ella luego de recibir hasta la última gota de leche de mí ser, lamio mi aun erecto miembro. Lo limpio con su lengua y luego comenzó nuevamente a devorárselo hasta conseguir que se pusiera muy duro. Entonces aproveche esa nueva erección para penetrarla y hacerle sentir todo mi amor por ella.

Lo hicimos como unos adolescentes en su primera vez, lo hicimos con desesperación pero derrochando amor en cada beso y en cada embestida que le daba. Luego de un buen rato de sexo duro por fin nos vinimos y terminamos bañados en sudor. Minutos después, exhaustos pero ya calmados, con su cabeza apoyada en mis piernas besando ocasionalmente mi miembro y mis testículos intente besar a dorita orbegoso desnuda, pero me freno con sus palabras:

-Quiero que me prometas que siempre vamos a estar juntos.

-Claro que si- le respondí. Y es así que cumplo mi promesa hasta el día de hoy.

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